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Por Qué lo Cerramos, y Qué Queremos

As a gift on MLK day, interpreters at Worker’s Dignity translated the “Why We Shut It Down, and What We Want” manifesto into spanish. 

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Liberate Nashville es una red de estudiantes, organizadores, militantes, y personas de buena fe construyendo poder contra el racismo sistémico e injusticia económica, en el movimiento para la liberación colectiva, dentro y fuera de Nashville. Se ha prendida y re-prendida nuestra conciencia colectiva por los asesinatos recientes por policías de hombres, mujeres, y niños negros en Ferguson, Staten Island, Brooklyn, Cleveland, Nashville, entre tantas otras ciudades.

Nosotros sabemos de carne propia las injusticias raciales profundas que estos asesinatos revelan—injusticias raciales que impregnan no solamente nuestras sistemas educativas, económicas, y jurídicas, sino también el mercado neoliberal de vivienda y empleo en los Estados Unidos. La falta de cargos criminales contra los policías que mataron a Mike Brown en Ferguson y Eric Garner en Staten Island aviva los fuegos que han quemado dentro de nosotros por años.

Desde la muerte de Mike Brown el 9 de Agosto, movilizaciones masivas y acciones directas se han desatados por todo el país, prendiendo la consciencia y la voluntad de comunidades innumerables quienes están reclamando que Importan Las Vidas Negras y exigiendo cambios concretos. Localmente, las movilizaciones de estudiantes, religiosos, y otros residentes de Nashville han sidos entre las más grandes de las últimas décadas. Desde el 25 de Noviembre, hemos usado nuestros cuerpos para denunciar la injusticia en las calles y en los centros de comercio a través de nuestra ciudad. Lo que sigue es nuestra historia colectiva de por qué lo cerramos, y qué queremos.
* * *
Estamos aquí para contar nuestra propia historia. El viernes, 12 de diciembre, cientos de estudiantes, religiosos, y otros residentes de Nashville marcharon por la ciudad después de una vigilia por Eric Garner y todas las víctimas de la violencia policial. Con lágrimas en nuestros ojos y los nombres de los asesinados en nuestros labios, nos levantamos juntos para declarar que “Black Lives Matter.” Marchamos juntos y hicimos plantones sobre el asfalto frío, cerrando por completo las calles, intersecciones y, con la participación de la policía estatal, el autopista. Por un lado, bloquear estas carreteras significa interrumpir el status quo, simbolizando la interrupción masiva que el pueblo negro, indígena y mestizo (gente de color) se enfrenta cada día cuando se teme por sus vidas y las vidas y futuras de sus hij@s. También significa más que interrumpir los viajes al trabajo, sino también interrumpir el comercio e, en el proceso, iluminar y interrumpir los sistemas que perpetúan la distribucion desigual del comercio y el encarcelamiento masivo y la criminalización y el asesinato de la gente de color y los pobres.

Por eso, cuando batallones de policía aparecen para responder a nuestras manifestaciones, no es solamente para proteger a los ciudadanos y al flujo de tráfico, sino también para proteger al flujo del comercio sobre el cual se depende nuestra ciudad que rápidamente está aburguesando. Recientemente, el alcalde Karl Dean y el consejo municipal aprobaron la financiación de un puente peatonal de $18 millones que se conecta un centro del comercio (el Gulch) a otro (SoBro) mientras la desigualdad de ingresos empeora, innumerables personas están muriendo por la falta de vivienda y atención médica y la gente de color y los pobres siguen siendo desproporcionado el objeto de atención policial. Sí, en Nashville, diariamente se sube el base de impuestos de la ciudad, pero este mar no está levantado a todos los barcos- nuestra gente no tiene barcos, y están ahogándose mientras otras personas nos pasean en yates.

Es por eso que el 12 de diciembre cerramos estos centros de comercio-el centro de convenciones, SoBro, la Gulch, y Broadway, para brillar una luz sobre las realidades debajo de las muerte de Eric Garner, Michael Brown, y tantos otros. Nuestra indignación moral no puede ser subestimada ya que el estado de nuestras vidas ha sido interrumpido moralmente.

La policía del Sur tiene sus raíces en los dueños de plantaciones que contrataron a blancos pobres para mantener su propiedad (que consistía de la tierra y los seres humanos) bajo control, patrullando por esclavos fugitivos. Aunque la policía ha evolucionado, es nuestra opinión de que al fin del día todavía tiene el mismo propósito hoy: mantener la propiedad del establecimiento bajo su control y proteger unas cuantas personas, empresas y corporaciones que están desalojando y aburguesando nuestros barrios por la avaricia y el “progreso” mientras innumerables comunidades de bajo ingreso están siendo desplazadas y atrapadas en los ciclos de pobreza.

En los últimos 20 años, el gobierno federal ha desprovisto de financiación a los programas de vivienda pública, educación, salud mental y física, apoyo contra el abuso de sustancias, y seguridad alimentaria, a la misma vez que ha incrementado la financiación para las cárceles y prisiones y regaló equipo militar a las fuerzas policiales locales incluyendo más de 321 millones dólares en vehículos blindados, fusiles de asalto, equipo antidisturbios, helicópteros y otros equipos a Tennessee desde 1993. Al igual que muchas otras ciudades, Nashville ha despojado sus recursos de las comunidades negras, latinas, y pobres con una mano mientras que castiga a las mismas comunidades a través de desproporcionada violencia policial y encarcelamiento con la otra. Muchos en la fuerza policial que se unieron porque quieren proteger a su comunidad viven de cheque a cheque y también reconoce estas dinámicas. Pero cuando nos preguntamos por qué tan pocos de ellos hablan en foros públicos sobre la injusticia y la desigualdad que ven, dicen que tienen miedo de perder sus puestos de trabajo. Ellos trabajan para sus jefes-sus supervisores, el alcalde, la Cámara de Comercio, y los profundos bolsillos de los pocos que benefician más de este tipo de sociedad, en vez del pueblo.

Así que con nuestros pies en marcha y en protesta, hacemos eco de las palabras del teólogo Dietrich Bonhoeffer quien dijo: “No debemos solamente sanar las heridas de las víctimas que se encuentran bajo las ruedas de la injusticia, sino debemos destruir la rueda.” Hasta que vemos cambios concretos y sistémicos en la policía de nuestra ciudad, en nuestras políticas, en nuestra economía y nuestra sistemas de “justicia” penal, no vamos a descansar. Vamos a seguir organizando. ¿Por qué? Nuestra historia local y nacional nos ha enseñado que si nos sentamos en la mesa de los ricos esperando con paciencia para sus migajas, no podemos hacer los cambios más amplios que necesitamos.

Tenemos 3 demandas:

Alto a la discriminación racista por parte de los policias en Nashville;
Retirar fondos del “complejo de la industria carcelaria” y la militarización policial, y reinvertir los fondos directamente en la comunidad— para la vivienda pública, educación de alta calidad, cuidado médico y de salud mental, programas de abuso de sustancias, y la seguridad alimentaria;
Dar prioridad a la igualdad económica y empoderamiento de todo el pueblo negro, indígena, y mestizo. Estamos trabajando actualmente con grupos comunitarios de base para formular y avanzar estas demandas de una manera concreta.

Los tres males de racismo, militarización y pobreza que Martin Luther King, Jr. nombró antes de su asesinato son los mismos males contra los cuales organizamos hoy. Parafraseamos las palabras de Martin Luther King Jr. desde su celda en Birmingham, Alabama, ¡Ay de aquellos en Nashville que están más devotos a la “orden” que a la justicia, quienes prefieren una paz negativa que es la falta de tensión a una paz positiva que es la presencia de justicia, quienes simpatizan con nuestra rabia pero no con nuestra acción directa y quienes de forma paternalista buscan imponer el horario de nuestra liberación en “una temporada más conveniente.” No vamos a esperar. No vamos a parar.

En solidaridad,

Rhiana Anthony
Deacon Kenneth Caine
Keith Caldwell
Joshua Crutchfield
Andrea Flores
Dr. Sekou Franklin
Ashirah S. Freeman
Taneisha R. Gillyard
Dominique D. Gonzales
Sara E. Green
D.J. Hudson
Micky ScottBey Jones
Theeda Murphy
Teresa Kim Pecinovsky
Brenda Perez
Carlin Rushing
Jessica Sutton
Rondriquez White
Rev. Jeannie Malena Alexander
Marie Campbell
Patrick Cate
Chris Crass
Lisa Guenther
Spark Hale
Andrew Krinks
Rev. Lindsey Krinks
Brendan O’Connor
Austin Sauerbrei
Allyn Steele
Amie Thurber

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Collective Statement

Why We Shut it Down and What We Want

Liberate Nashville is a network of students, organizers, activists, and persons of good will building power against systemic racism and economic injustice in the movement for collective liberation in Nashville and beyond. Our collective conscience has been sparked and re-sparked by the recent police killings of black men, women, and children in Ferguson, Staten Island, Brooklyn, Cleveland, Nashville, and so many other cities. We intimately know the deeply entrenched racial injustices that these murders unveil—racial injustices that pervade not only our education, economic, and criminal justice systems, but also the housing and job markets in the United States. The non-indictments of the police officers that killed Mike Brown in Ferguson and Eric Garner in Staten Island fanned the flames that have been burning within us for years.

Since Mike Brown’s death on August 9th, mass mobilizations and direct actions have swept across the country, igniting the conscience and will of countless communities who are claiming that Black Lives Matter and demanding concrete change. Locally, we have seen one of the largest mobilizations of students, clergy, and other concerned Nashvillians in decades. Since November 25th, we have used our bodies to decry such injustice on the streets and in shopping centers across our city. What follows is our collective account of why we shut it down and what we want.

*     *     *

We are here to tell our own story. On Friday, December 12th, hundreds of students, clergy, and concerned Nashvillians marched through the city after a vigil for Eric Garner and all victims of police brutality. With tears in our eyes and the names of the slain on our lips, we stood together to declare that Black Lives Matter. We marched together and held die-ins on the cold asphalt, shutting down roads, intersections, and, with the help of the Tennessee Highway Patrol, the interstate. The significance of shutting down these thoroughfares is, in part, to disrupt the status quo, symbolizing the massive disruption that people of color face every day when they fear for their lives and the lives and futures of their children. The significance also extends beyond merely disrupting commutes to disrupting commerce and, in the process, illuminating and interrupting the systems that perpetuate both the unequal distribution of this commerce and, subsequently, the mass incarceration, criminalization and killing of people of color and the poor.

Therefore, when the police show up in droves in response to our protests, it is not merely to protect citizens and the flow of traffic; it is also to protect the flow of commerce upon which our rapidly gentrifying “it city” depends. Mayor Dean and Metro Council recently approved funding for an $18 million dollar pedestrian bridge connecting one hub of commerce (the Gulch) to another (SoBro) while income inequality soars, countless people are dying from the lack of housing and health care, and people of color and the poor continue to be disproportionately targeted by the police. Yes, in Nashville, the tax-base of our city is growing daily, but the rising tide is not lifting all boats—our people don’t have boats and are drowning in the wake while others are cruising by on yachts.

So on December 12th, we targeted and shut down these centers of commerce—the convention center, SoBro, the Gulch, and Broadway—in order to shed light on the web of realities that exist beneath the killing of Eric Garner, Michael Brown, and so many others. Our moral outrage cannot be understated—the state of our lives has been morally disrupted.

Southern policing has its roots in plantation owners who hired poor whites to keep their property (land and humans) under control by patrolling for runaway slaves. While policing has certainly evolved, it is our view that it ultimately serves the same purpose today: to keep the property of the establishment under control and to protect the handful of people, development firms and corporations that are ravaging and gentrifying our neighborhoods for the sake of profit and progress while countless low-income communities are being displaced and further entrenched in cycles of poverty.

Over the last 20 years, the federal government has defunded programs for affordable housing, quality education, physical and mental health care, substance abuse, and food security but increased funding for jails and prisons and passed military equipment to local police forces including over $321 million worth of armored vehicles, assault rifles, riot gear, helicopters and other equipment to Tennessee since 1993. Like so many other cities, Nashville has divested its resources from black, brown, and poor communities with one hand while punishing the same communities through disproportionate punitive policing and incarceration with the other.

Many on the police force who joined because they want to keep people safe are living paycheck to paycheck and recognize these dynamics, as well. But when we ask why so few of them speak up in public forums about the injustice and inequality they see, they say they’re afraid of losing their jobs. Ultimately, they work for their bosses—their supervisors, the Mayor, the Chamber of Commerce, and the deep, deep pockets of those who stand to benefit most from the “it city” of the future—not the people.

So with our marching feet and direct actions, we echo the words of theologian Dietrich Bonhoeffer who said, “We are not to simply bandage the wounds of victims beneath the wheels of injustice, we are to drive a spoke into the wheel itself.” Until we see concrete, systemic changes in our city’s policing, in our housing policies, in our economic and criminal “justice” systems, we will not rest. We will continue to organize ourselves, shut down the deadly flow of the status quo and drive a spoke into the wheel that crushes so many of us. Why? Because our local and national histories have taught us that sitting at the table with the establishment and waiting patiently for crumbs has failed to produce the broader changes we seek.

Our demands are threefold: 1) end police discrimination in Nashville; 2) decrease funding for the “prison industrial complex” and the militarization of the police force and reinvest that funding back into the community—into affordable housing, quality education, physical and mental health care, substance abuse programs, and food security; and 3) prioritize economic equity and empowerment for people of color. We are currently working with grassroots groups and community members to further concretize these demands and move them forward.

The triple evils of racism, militarism, and poverty that Martin Luther King, Jr. named before his assassination are the same evils we organize against today. To paraphrase Martin Luther King Jr.’s words from a jail cell in Birmingham, woe to all those in Nashville who are more devoted to “order” than justice, who prefer a negative peace which is the absence of tension to a positive peace which is the presence of justice, who sympathize with our anger but not our direct action and paternalistically seek to set the timetable for our liberation and wait for a “more convenient season.” We will not wait. We will not stop.

In solidarity,

Rhiana Anthony
Deacon Kenneth Caine
Keith Caldwell
Joshua Crutchfield
Andrea Flores
Dr. Sekou Franklin
Ashirah S. Freeman
Taneisha R. Gillyard
Dominique D. Gonzales
Sara E. Green
D.J. Hudson
Micky ScottBey Jones
Theeda Murphy
Teresa Kim Pecinovsky
Brenda Perez
Carlin Rushing
Jessica Sutton
Rondriquez White
Rev. Jeannie Malena Alexander
Marie Campbell
Patrick Cate
Chris Crass
Lisa Guenther
Spark Hale
Andrew Krinks
Rev. Lindsey Krinks
Brendan O’Connor
Austin Sauerbrei
Allyn Steele
Amie Thurber

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